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Eliécer Calzadilla
Sidor: conflicto, perdigones y las ironías del sindicalismo chavista
| Sidor: conflicto, perdigones y las ironías del sindicalismo chavista |
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| Escrito por Damian Prat | |
| Monday, 17 de March de 2008 | |
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Muy interesante y acertado su enfoque. ºººººººººººººººººººººººººººººº Sobre el conflicto de Sidor, la paliza y los perdigones
Eliécer Calzadilla
La paliza que la Policía y la Guardia Nacional le dieron a un grupo de trabajadores de la Siderúrgica del Orinoco en la mañana del pasado viernes, obliga a estas notas. Cataratas de tinta se habían derramado durante estas semanas en las que se definieron posiciones. En la balanza, las opiniones a favor del sindicato pesan más. No por los argumentos sino por la cantidad. Son más los que apoyan el reclamo sindical. Muchas son las manifestaciones de solidaridad recibidas por los trabajadores. Esas expresiones de solidaridad dirigidas a ese otrora poderoso sindicato, contrastan con el crónico silencio de esa organización sindical ante problemas sociales que afectan esta comunidad, a mi entender mucho más importantes que el reclamo salarial, que al fin y al cabo se arreglará: el asesinato de más de sesenta dirigentes sindicales de la construcción, el asesinato de más de ciento cincuenta taxistas de Ciudad Guayana, los robos y los homicidios que se multiplican, el estado deplorable de los hospitales a donde acuden los pobres del estado Bolívar, el humillante transporte público (“perreras) en el que se desplazan miles de trabajadores de la Zona del Hierro que no tienen contratos colectivos. La lista es tan larga como el silencio del sindicato. La solidaridad de los trabajadores siderúrgicos para con otros, y del sindicato en especial, sí existe, es invisible, clandestina. El autismo de Sutiss, su tranquila indiferencia social, es la cualidad más relevante en los últimos tiempos. Pero tienen suerte; mucha gente, que no se ocupa del aumento de los homicidios ni del dolor de los que no pueden pagar una clínica, y se mueren de mengua, se afana para que a los siderúrgicos les paguen lo que piden. En mi progresivo camino hacia al anarquismo, personal e íntimo, siento un creciente rechazo por la fuerza pública. Odio la represión, la tortura, el ensañamiento, la fuerza bruta. Repudio las palizas y el encarcelamiento de trabajadores y de sus dirigentes. Pero también repudio la quema de autobuses y la destrucción de la propiedad como forma de lucha laboral. Y es que este conflicto sindical está lleno de ironías. Una dirigencia sindical que tiene nueve años jugando a ser chavista, con matices, pero en la práctica y en el discurso esencialmente chavista, termina reprimida por las fuerzas del orden, chavistas, con perdigones y a palo limpio. De nada valió que el comité ejecutivo del sindicato publicara esta semana en la prensa un comunicado contra la empresa, dirigido al presidente Chávez, que ni el mismo Che Guevara hubiera podido redactar. Tan ferozmente revolucionario y tan escrito en clave chavista está el comunicado, que después de leerlo nunca pensé que les caerían a palos. Supongo que los que lo firmaron calcularon lo mismo. Lo digo en serio, después que leí el comunicado de Sutiss pensé que esos muchachos deberían pertenecer en recompensa -como miembros natos y perpetuos-, a la dirección nacional de PSUV. Me equivoqué, no los llamaron a la dirección del PSUV. Al contrario, los reprimieron y los metieron presos. Ni siquiera al Palacio de Miraflores los invitaron. Es lamentable, sobre todo después del enorme esfuerzo sindical por agradarle al gobierno y por probar (según lo que se entiende del comunicado) que allí, en ese conflicto, están en juego la patria, el nacionalismo y la propia revolución. Deduzco que el chavismo sindical siderúrgico no logró convencer ni conmover al chavismo que gobierna, por eso, tal vez, la paliza. Sospecho que el gobierno chavista no ve allí lo que ve el sindicato chavista (la patria en peligro, la revolución, el nacionalismo), y de seguro entendió que lo que quiere el sindicato es conseguir el mayor aumento de plata posible para regresar a su pragmático egoísmo social, y al gobierno no le interesan estos malos ejemplos. En otras palabras, deduzco, por los hechos, que el chavismo en el gobierno no cree que estos tipos sirvan para el “patria, socialismo o muerte”, de lo contrario no les hubiera caído a palos y perdigones. Yo, que he visto los toros de lejos, conjeturo que el único defecto del comunicado sindical -cuya lectura a fondo recomiendo- fue la falta de énfasis al final, cuando se dirigen directamente al presidente Chávez. Pienso que han debido decir algo como esto: “Fíjese Presidente, que tratamos de escribir tal y como habla usted. Caiga en cuenta del detalle que se nos ocurrió cuando estamos comparando a la empresa con la diabólica e imperialista Exxon-Mobil. Fíjese, por favor, en el veneno revolucionario de la frase”. Un párrafo como ese, quizás, hubiera convencido a los administradores de las peinillas y los perdigones de no usarlos esa mañana. Pero me temo que es tarde y no hay remedio. Queda reclamar la inmediata y plena libertad de los trabajadores detenidos. Queda preguntar si no será posible aplicar en este conflicto chavista una pequeña dosis de democracia participativa y protagónica, que está consagrada en la Constitución; la tan chavista, revolucionaria y joven que es la Constitución de 1999, también llamada Bolivariana. Y en tal sentido, consultar a la masa de trabajadores siderúrgicos, mediante el voto directo y secreto, si están de acuerdo con firmar ahora el contrato o si están de acuerdo con ir a la huelga indefinida. Y luego, echarle bolas, sin miedo, a lo que decida el pueblo trabajador. Esta no es una propuesta. Es una idea lanzada al viento, porque yo sigo en mi tendido de sol, viendo los toros de lejos.
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